Frustración: Guía sobre esta emoción

Todos nos hemos sentido frustrados alguna vez. La frustración es una emoción habitual. Pero, ¿cómo la has gestionado? ¿Te ha superado? ¿Has pagado esa frustración con alguien? Aquí te contamos todo acerca de esta emoción, las causas, los tipos y formas de gestionarla.

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¿Qué es la frustración?

La frustración es una emoción que ocurre en situaciones en las que sucede un bloqueo para conseguir el resultado deseado. En general cuando alcanzamos nuestros objetivos nos sentimos contentos, y cuando no lo logramos puede que caigamos en frustración y nos sintamos irritables, molestos y enfadados. Generalmente, cuanto más importante sea ese objetivo o meta, mayor puede ser la frustración, ira o pérdida de confianza.

La frustración no es “mala”,ya que no hay emociones buenas o malas, todas son necesarias. Son indicadores de que hay problemas en nuestra vida a los que hay que prestar atención y pueden ser motivadores de cambio.

Sin embargo, a veces la frustración no se gestiona bien, y puede resultar en ira, irritabilidad, estrés, resentimiento, depresión o una espiral descendente hacia la resignación. El problema sigue sin ser la emoción, sino cómo la afrontamos.

Causas de la frustración

Como hemos dicho, la frustración es una emoción que puede aparecer al no poder conseguir algo que queremos. ¿Cuáles son las fuentes de la frustración? ¿Qué la provoca? Puede haber fuentes internas o externas:

Fuentes internas:

La causa de la frustración puede venir de tus capacidades personales, puede que no tengas las habilidades necesarias para lograr tu objetivo, tus limitaciones biológicas o psicológicas (tus propios miedos o inseguridades)

Fuentes externas

A menudo, nos encontramos obstáculos fuera de nosotros que nos impiden conseguir lo que queremos. Esto incluye personas, lugares, o cosas que nos bloquean el camino.

Quizá la fuente más universal de frustración es cualquier cosa que nos haga perder el tiempo. Todos estamos familiarizados con los retrasos por tráfico, esperar colas, encontrarnos establecimientos llenos o cerrados, personas que no hacen su trabajo, lentitud y confusión burocrática…

Tipos de frustración

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Podríamos distinguir 4 tipos de frustración relacionados con el entorno laboral:

  • Frustración de función, es decir, por ausencia de satisfacción laboral.
  • Frustración por convicción. Trabajo bajo unos estándares o valores que no se conectan con los nuestros.
  • Frustración de ambición. Trabajo a un nivel inferior de lo que nos gustaría o por debajo de nuestras competencias.
  • Frustración de respuesta. Conflicto por el uso de herramientas o materiales o por la percepción de trato injusto por los superiores.

Tolerancia a la frustración

La tolerancia a la frustración es la capacidad para gestionar el sentimiento de frustración de forma saludable. No importa como nos hayamos criado, socializado o entrenado, que todos nosotros vamos a sentir algo de frustración cuando no es posible cubrir nuestras necesidades y demandas.

Las personas con una alta tolerancia a la frustración son capaces de lidiar con los obstáculos.

Aquellos con baja tolerancia a la frustración pueden frustrarse por inconvenientes menores del día a día. También puede abandonar tareas difíciles rápidamente.

Sin embargo, la carga de esa frustración puede disminuirse y la tolerancia a la frustración puede aumentarse gracias a un entorno familiar saludable, actitud democrática, amor, afecto, seguridad, el cubrir sus necesidades y deseos teniendo en cuenta los sistemas de valores y restricciones sociales.

Si no has tenido la suerte de tener una crianza así y crees que tu tolerancia cae en la parte baja del espectro, la buena noticia es que se puede mejorar.

¿Cómo manejar la frustración?

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Las personas pueden reaccionar a la frustración de muchas formas. Algunas de estas formas pueden ser poco saludables:

  • Enfadarse
  • Rendirse
  • Perder la autoestima
  • Sentir pérdida y falta de confianza
  • Sentir estrés
  • Sentirse triste, deprimido o ansioso
  • Abusar de sustancias u otras conductas adictivas o auto-destructivas
  • Dirigir nuestra ira o agresividad hacia otra persona

1. Detecta las fuentes de tu frustración

En ocasiones, simplemente con ver a una persona con la que has tenido un desacuerdo es suficiente para desencadenar sentimientos de frustración. Otras veces puedes sentir frustración al acercarte a un sitio donde has experimentado esta emoción anteriormente. O quizá son actividades concretas en las que acabas frustrado.

Es importante detectar cuando y dónde te sientes frustrado, de esta manera puedes generar estrategias para eliminar o gestionar las fuentes de tu frustración de la forma más segura y efectiva. Para ello puede ayudarte llevar un registro de aquellos momentos y situaciones que te provocan frustración, así como los pensamientos que surgen, la intensidad de la emoción, cómo trataste de manejarlo y la efectividad de esa estrategia. De esta manera también podrás observar fácilmente qué estrategias te ayuda y cuáles no.

2. Factores que contribuyen a tu frustración

A veces, aunque hayas hecho una lista de situaciones que te frustran, es posible que haya otros factores que influyen en los niveles de frustración que puedes sentir, como:

  • Tu estado de salud
  • Situación financiera
  • Dificultades emocionales, como el duelo o condición psicológica.
  • Problemas laborales, pérdida de empleo o de un ascenso.

Conocer cómo estos contribuyentes a tu frustración te están afectando puede ayudarte a ejecutar un plan para superar la frustración. Esto no implica evitar esa fuente de frustración, sino aproximándonos a ella con compasión y una estrategia concreta.

3. ¿Cómo gestionamos la frustración?

A medida que maduramos solemos ser capaces de manejar mucho mejor emociones como la frustración. ¿Por qué? Porque tenemos una especie de registro mental acerca de qué es lo que nos funciona para gestionarnos y qué es lo que no. Por eso puede resultar de utilidad tener a mano una lista de cosas que nos han ayudado en el pasado, en caso de que la emoción sea tan intensa que no sepamos cómo gestionarla.

1. Acepta y reflexiona

Es importante darnos cuenta de qué sentimos y aceptar y validar nuestras emociones. Tenemos derecho a sentirlas. Al mismo tiempo no tenemos por qué actuar conforme a ellas. Las emociones no tienen por qué dictar nuestra conducta. Antes de de reaccionar ante una emoción, detente un segundo, respira hondo y piensa las posibles consecuencias de tu conducta.

Date tiempo para responder y para que la emoción termine pasando.

2. Busca la calma

Algunas formas de reducir la intensidad de la emoción, para poder reflexionar sobre ella posteriormente, son las siguientes:

  • Ejercicios de respiración
  • Meditación mindfulness y yoga
  • Habilidades de comunicación
  • Actividad física
  • Actividades relajantes
  • Viajar
  • Desarrollar una afición
  • Dar un paseo, mejor si es cerca de la naturaleza
  • Canalizar la frustración pegando a una almohada o gritando a un cojín.

3. Busca el origen de tu emoción

Tómate un momento para reflexionar acerca del origen de tu frustración. Puedes hacerte las siguientes preguntas:

  • ¿De dónde viene esa frustración?
  • ¿Qué necesidad tuya se ha visto frustrada?
  • ¿Eso que quiero es razonable? ¿Es realista? ¿Es posible?

4. Dirige tu energía a aquello que puedes controlar

A veces la frustración nos indica que hay algo que debemos cambiar. Que tenemos que pasar a la acción. ¿Qué medidas puedes tomar para que esas necesidades que se han visto frustradas puedan cubrirse?

A veces no puedes hacer nada para cambiar una situación. Lo único que puedes hacer es aceptarla y canalizar toda esa energía residual en algo productivo para ti (un proyecto paralelo, planes agradables, actividad física).